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La mente es como un paracaídas. Solo funciona si la tenemos abierta
Albert Einstein
La misión de México

Los mensajes que hemos recibido en la experiencia de contacto sostienen que México cumpliría un rol muy importante como mensajero de paz. Recuerdo que Alicia Rodríguez, presidenta del Comité Internacional de la Bandera de la Paz —con sede en México—, me hablaba con viva emoción de ello. Guiado por una intuición, volví a pensar en este rol de México que también, en su día, me comentó el recordado Antonio Velasco Piña.

Y, a solo una semana del evento que me organizaron en Tepoztlán, México se vio envuelto en una crisis de violencia por el enfrentamiento entre el ejército y el narcotráfico, que implicó actos de vandalismo y bloqueos de carreteras.

Al ver este violento escenario, consideramos cancelar mi presentación en México. Pero “algo” nos dijo que siguiéramos adelante, que todo se calmaría, que confiáramos. Así lo decidimos con mi querida Déborah Mabama, organizadora de mi taller en el camping Meztitla.

Efectivamente, México estuvo calmo ese inolvidable fin de semana, y un grupo numeroso acudió al evento para no solo dialogar sobre las experiencias de contacto y compartir distintos momentos de meditación: el eje lo situamos en el rol de México y en una convocatoria internacional para meditar por la paz del país y del mundo. Lo anuncié antes del evento.

Sentí que debíamos hacerlo el sábado 28, aprovechando el contexto simbólico del denominado “desfile planetario”, en el que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y Neptuno serían visibles simultáneamente a lo largo de la eclíptica, poco después de la puesta del Sol, desde diversas regiones del mundo, incluido México. Este fenómeno no implicó una alineación física real en el espacio tridimensional, pero sí una especial y simbólica “configuración geométrica observacional” desde la Tierra.

Y tuve un aviso interno: la temida guerra de Estados Unidos con Irán podría explotar en esa coordenada. Por ello promovimos la meditación internacional por la paz.

Desde luego, meditar por un objetivo positivo y armónico no cambia, como por arte de magia, el curso de los acontecimientos. La clave siempre estará en las acciones conscientes de amor. Pero las meditaciones por la paz siembran una frecuencia, convocan a los caminantes, nos unen en mente y propósito.

Y la guerra estalló el día de nuestra meditación por la paz.

Pero no tuvimos miedo. Decidimos estar en Tepoztlán para sembrar un mensaje.

Pese a todo lo que está ocurriendo en el mundo, sigo creyendo en la humanidad.

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