Contemplaba su cumbre nevada en los días claros desde Talampaya. Sentía algo especial en aquella montaña que, solo en jornadas diáfanas, se asomaba a la distancia con sus imponentes 6.100 metros de altura.
Este sistema es un elevado cordón montañoso que, geológicamente, es independiente de la Cordillera de los Andes. Y es que, a diferencia de los Andes —formados por la subducción de la placa de Nazca—, el Famatina es un bloque montañoso surgido por fallas tectónicas, razón por la cual es rico en yacimientos minerales. De hecho, su nombre derivaría del quechua «Wamatinag» (madre de los metales).
Los incas habrían conocido ese tesoro subterráneo. Por ello, el Qhapaq Ñan se extiende hasta las faldas de esta cordillera, en La Rioja argentina.
Hemos realizado dos expediciones a esta zona que, según los mensajes, esconde una base de “ellos”...
Ver allí el camino inca, antiguas pircas, huancas y otras señales, me hizo sonreír con emoción. Y pensar que esta región estuvo conectada con Atacama, el lago Titicaca y Cusco.
Pero fue en Tres Piedras donde corroboramos la existencia de un vórtice natural, un “atajo” para comunicarse extrasensorialmente con los esquivos guardianes de este santuario.
En su momento, cuando la investigación avance, compartiré más detalles. Pero adelanto esta fotografía de lo que, estoy seguro, es una poderosa huaca: un vórtice oculto tras estas curiosas rocas y formaciones naturales. Acampar allí, bajo las estrellas —y algo más que estrellas—, fue una experiencia única...

